Quiero, luego puedo

A sí de simple. Primero hay que desaprender. Lo que no sirve, entorpece. Identificar todas las ideas ancladas, atreverse a cuestionarlas y desechar todas aquellas limitantes que coarten la iniciativa y la acción. Con cariño, pero apartarlas.

Después enumerar las fortalezas. Serán luz y guía en el camino. Desde las cosas más insignificantes, a las más utópicas, pasando por las prácticas.

No las pierdas de vista jamás. Ellas te llevan, te conducen hasta el objetivo y siéntete agradecido por ellas en todo momento.

Ah, surgirá el miedo a cada momento que te relajes, y cuando eso ocurra compadécete de él e invítale amablemente a que se vaya a tomar viento fresco. Tu fuerte son tus fortalezas. Ellas abanderan tu vida en este momento. Valóralas.

Y lánzate a la acción con fe. Respira. Sin más pretensión que ser consciente. Sabiendo que estás en camino y eso es lo que cuenta. Cuentan aciertos, obstáculos, errores, y estos últimos más aún porque de ellos viene el aprendizaje.

Hay una fuerza que está más allá de la lógica racional.

Acepta los tiempos. A veces la vida dice, ahora no.

Yo no tengo el control de las circunstancias. Me dejo llevar.

Me imagino que soy una viruta en el fluir del cauce del río de la vida. Qué pretencioso creer que controlo algo.

Aferrarse a las fortalezas con alegría, fe, ilusión, con agradecimiento. Mi actitud, sí puedo modelarla a mi favor.

Y así, poquito a poco, respirando, llego.

MODELO FEDRA

 

 

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